El destino ético del periodismo
Angélica Valbuena
La necesidad ética del periodismo es algo olvidado y desconocido en muchos lugares del mundo. Frente a esta perspectiva, lo más inquietante no es la materia de que estarán hecha los periódicos en el futuro, ni la forma en que las noticias llegarán a nosotros, sino cómo estará definido en términos éticos el universo de la información, desde luego que cualquiera que sea el mundo en que vivamos, siempre dependeremos de la necesidad de saber lo que ocurre.
Nadie ha previsto por el momento un mundo de seres solitarios, que no tengan que comunicarse entre sí, o un mundo donde los medios de comunicación no tengan un papel ético que cumplir. Es decir, el papel ético que representa la búsqueda de la verdad. Buscar la verdad significa descubrir. Destapar ollas, abrir puertas, arrancar máscaras. Y el poder, por su propia naturaleza, busca ocultar. A mayor respeto de la institucionalidad democrática, mayor transparencia, mayor rendimiento voluntario de cuentas. Pero mientras tanto, el periodismo siempre estará enfrentado al poder. Es su fiscal natural.
El periodista lleva en la razón una de las responsabilidades más importantes de sociedad: informar; hacerle llegar al receptor datos útiles en la tarea de entender el mundo. Es sin duda privilegiado a diferencia de cualquier otro individuo, ya que el periodista siempre está en contacto directo con agentes importantes de información como por ejemplo los timoneros de la sociedad, los gobernantes.
En el ejercicio de su labor, el periodista adquiere al instante la fuerza casi ilimitada de un formador de opinión. Así, su papel en sociedad es uno de los más importantes pues influye de manera directa en la formulación del imaginario social. De su trabajo depende la “buena construcción” de ese imaginario. El código de ética en su trabajo es, por lo tanto, la guía que le permite realizar su función con los mejores resultados posibles: el ejercicio de la libertad de expresión, el manejo “objetivo” de la información, el respeto a la vida privada y el honor de las figuras públicas, así como la lucha contra la censura previa, sin mencionar los turbios caminos de la calumnia.
Su postura frente a corrientes ideológicas, necesariamente deberá mantenerse lo más neutra posible al momento de ejercer su profesión. Algunas de las razones que deberán arraigarse a él en ese ejercicio son: ser honesto, frente a la realización de su propio trabajo así como frente al destinatario de sus mensajes.
Reconocer que el límite del interés público es la intimidad de las personas, la manipulación de la información pervierte al periodismo cuanto tergiversa, miente, negocia y roba, la dignidad profesional implica una autonomía moral frente a los sujetos y asuntos que trata el mismo para obtener información, así como frente a sus compañeros. Por otra parte, una consideración verdaderamente importante para el periodista es entender que un código de ética es un pacto entre ellos y lectores, no entre ellos y sus jefes, ni con los poderes públicos o privados.

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